
Fundada dos veces en el siglo XVI, pasó por muchas vicisitudes hasta convertirse en la capital del virreinato del Río de La Plata y, tras 1810, de la República Argentina.
La historia se refleja en sus edificios, que revelan las diversas épocas vividas por la urbe: el Cabildo, la Catedral, la Casa de Gobierno, la Manzana de las Luces, el Palacio Anchorena, monumentos como la Pirámide de Plaza de Mayo y la estatua del Libertador San Martín, la Avenida y Plaza de Mayo, el encanto de La Boca, el carácter señorial de La Recoleta o la silueta airosa del Kavanagh (el más antiguo de los rascacielos de la Ciudad).
Ha sido considerada desde siempre, una de las ciudades con mayor inquietud cultural del hemisferio sur. Cuenta con numerosos museos de diversas temáticas. Es una tentación por sus tiendas, centros comerciales y mercados de la peatonal calle Florida, la Avenida Santa Fé, las tiendas de moda de La Recoleta y Palermo, o sus modernos shoppings malls. Los fines de semana en la feria de antigüedades de la Plaza Dorrego, en el barrio de San Telmo, y en el mercado de artesanías de la Recoleta son excelentes paseos para el visitante. La noche de la Ciudad es muy variada y ofrece gran cantidad de bares, pubs y boliches para el deleite de los turistas. El espíritu del tango permanece en cada esquina, bar tradicional, plaza o espacio público, dejando una huella enorme en la vida urbana y cotidiana de sus habitantes.
Las calles de Buenos Aires encierran una mística distinta a cualquier otra ciudad del mundo, mezclando lo más tradicional con lo más vanguardista, lo delicado con lo rústico. Ciudad abierta al océano y al mundo, Buenos Aires ha acogido generosamente a gentes de las más diversas procedencias y las ha incorporado a la vida argentina, configurándose como una gran metrópoli, elegante, culta y dinámica.